"Debemos huir de la idea de autocomplacencia que pueda asociarse al acto solidario y centrarnos en el hecho desesperado de aquellas personas que lo necesitan para sobrevivir." T.S.
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3.4.16

Las dos lunas.

Como el próximo día 7 de abril se celebraréis "o día da mulher moçambicana" os dedicamos este cuento, que escribió un profesor de colegio e ilustró una alumna de 1º de bachillerato para vosotros.

Las dos lunas

Uxía se acababa de levantar y, como todos los días, una de las primeras cosas que le gustaba hacer era arreglarse delante del espejo. Se veía a si misma con cierto encanto. Pero esa mañana no fue como siempre. El espejo le devolvió una imagen muy distinta. Su tez no era rosada, sino muy oscura; incluso su pelo liso y tirando a rubio se le presentaba muy negro y ensortijado. -¡No puede ser! –se dijo a sí misma. Se dio la vuelta y se fue repitiendo mentalmente esa frase. Apenas tenía tiempo para salir corriendo y no perder el autobús que la llevaba al colegio.

¿Qué le estaba pasando? Se miró en el cristal de la ventanilla del bus y vio un reflejo tenue de su rostro femenino, de tez oscura otra vez. Al llegar al colegio, nadie reaccionó ante ella de forma distinta a como lo hacían de costumbre. Al parecer sólo ella se veía de ese modo. ¿Pero es que los demás no se daban cuenta? ¿Es que no la veían distinta? Pero ella, allí donde se mirase, cada vez su tez se le mostraba más oscura. Tan oscura como la de esa niña Nachane de la Escola Secundària Inácio de Loyola, en Satemwa (Mozambique), que acababa de conocer a través de internet, con el que su colegio había entablado colaboración.
Dibujo: R.F.G 2016
Nachane, ese mismo día por la noche, como todos los días, se sentó en la rama de su árbol preferido a las afueras del poblado para contemplar la luna. Era lo que más le gustaba. La miraba y veía en ella su propio rostro, sonriente y claro allí en lo alto. Ya sabía que el suyo era de tez oscura, pero imaginarse allí en lo alto rodeada de estrellas le hacía sentirse muy bien, sin necesidad de nada más. Y así, absorta, imaginó que aquella luna que parecía guiñarle un ojo, también podría ser el de esa niña, Uxía, que acaba de conocer por internet, del colegio Santa María del Mar de A Coruña (España), de donde había venido su maestra Susana.

Uxía estuvo todo el día preocupada por el reflejo de su rostro, que sólo ella veía cambiado. Por la noche no quiso ni mirarse en el espejo. Prefirió acostarse. Y desde la cama, por la ventana, pudo ver una enorme luna llena, redonda, clara, sonriente, alegre, limpia. Una nube inoportuna la ocultó entonces, como si de un velo translúcido fuese, volviéndola un tanto oscura. Se imaginó por un momento que tal vez sería la misma que podría estar viendo Nachane. Hizo además un intento de hablar con la luna, pero en ese instante la nube siguió su camino y la dejó totalmente al descubierto de nuevo. Y así se quedó dormida.
¡Que desilusión! Al día siguiente cuando se despertó. Todo había sido un sueño. Le hubiese gustado hablar con Nachane, aunque fuera a través de la luna.
… … …
Forma de luna tenía el espejo que Uxía le regaló cuando se encontraron por primera vez. Y forma de media luna, como una gran sonrisa blanca, tenía el colgante de márfil que Nachane le puso al cuello como símbolo del encuentro.
EV2 (2016)

1 comentario:

Machamba dijo...

Precioso!! Manhana mismo lo traducimos al portugués y se coloca en el tablón de anuncios de la ESIL. El miércoles 6 lo leeran dos ninhas en la celebración del Día da Mulher Moçambicana. Mandaremos vídeo!!
Zikomo!!

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