Destin jugaba al fútbol con unos amigos cuando unos militares les pidieron que fuera al bosque a ayudarles a descargar harina y madera de un camión. No regresaron. Tenía 14 años y pasó dos años trabajando como niño soldado esclavo para las militancias congoleñas Mai Mai. Cuando lo reclutaron lo primero que le contaron fueron las reglas, a continuación el rito, en el que les hicieron unos cortes en la piel y les echaron unos polvos para que fueran inmunes a las balas. Trabajó como escolta de un comandante. Dos años después logró fugarse gracias al proyecto de Desmovilización y Reinsección de Niños Soldados en Uvira. Ahora tiene 22 años y ha aprendido el oficio de mecánico, ha vuelto a ver a su familia y ahora trabaja.
La realidad según la ONU sigue siendo que en 2006 había más de 250.000 menores soldado reclutados en más de 20 países. El 30% son reclutados por las fuerzas armadas de sus propios gobiernos y el 40% del total de estos menores son niñas

